• Lun. Jun 27th, 2022


Lo primero que sorprende en The Batman de Matt Reeves, es su ritmo. Mesurado, que luego avanza a una electrizante acción en su tramo central, para volver a un aire íntimo hacia el final. Es casi inevitable no incluir algunos puntos de la trama (hay algunos spoilers adelante), para narrar esta contundente visión de un antihéroe complejo. Pero aun así, The Batman es un evento tan complejo que sobrepasa cualquier detalle específico. Mucho más, en la forma en que el director le ha construido y mostrado. Se trata de la adaptación de Batman, que rinde tributo a su versión como detective del cómic. Pero también, otra que muestra la disputa violenta y dolorosa del bien y de la violencia, en un Batman joven y muy cerca del abismo. Matt Reeves encontró una forma de narrar la oscuridad de un héroe en crecimiento. Y hacerlo con una pulcritud ejemplar. 

Hay evidentes reminiscencias de thrillers de suspenso que recuerdan a la densidad de Fincher. Lo hace, cuando este Batman que apenas lleva la máscara hace menos de un año y medio, comienza el tortuoso camino a una investigación feroz. Pero también, hay mucho de la atmósfera de agobio, claustrofóbica y por momentos irrespirable de Jonathan Demme. Este Batman, que lleva sobre sus hombros una responsabilidad que le sobrepasa — y no lo disimula — es una criatura a mitad de transformación. Una que avanza en medio de la oscuridad de la ciudad que intenta proteger con esfuerzo. Y se enfrenta a varios enemigos a la vez, incluyendo su propio alter ego. El Batman de Reeves está recluido en su propio plan de venganza

The Batman asombra, también, porque en esta ocasión el film no desea contar desde dónde surge el antihéroe, sino hacia dónde se dirige. No en vano, el tono entero de la película es de un dolor profundo con frecuente estallido una rabia mal contenida. Robert Pattinson encuentra el tono y el sentido de una criatura sombría, a mitad de camino entre un mártir y un vengador. El Batman de Reeves todavía no decide si desea justicia o venganza. Y esa dualidad, escinde al personaje en dos partes.

Una criatura de las sombras

Lo hace, desde sus primeras escenas, en la que plantea el hecho que Bruce debe luchar contra el trauma y la cólera. Hacerlo, durante un largo año de dolor en que transitó hacia lugares complicados y duros, que es evidente, le resultan inesperados. Pattinson moldea al personaje desde la contención. De hecho, Wayne solo parece ser él mismo y ser parte de su historia, cuando lleva el traje de Batman puesto. Reeves le sigue con una mirada atenta, dura, en medio de una ciudad oscura y corrupta. Una que, además, se convierte lentamente en una amenaza. 

Si la ciudad de Joker de Todd Phillips tenía tenía un cierto aire a David Mamet y su derrota moral, la de Reeves es un híbrido curioso. Una parte con la visión sucia y destartalada de Martin Scorsese. La otra, con un brillo plomizo de esquinas oscuras y largas miradas sombrías de David Fincher. Al final, Gotham y Batman son parte de la misma esencia, lo mismo que todo lo que rodea al antihéroe.



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